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 Al caminar

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alberto
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Localización: general roca
Fecha de inscripción: 03/05/2008

MensajeTema: Al caminar   Miér 09 Jul 2008, 17:10

Todo se había tornado
oscuro a mi alrededor.
El verde paisaje,
el interminable pastizal,
que rodea la ruta,
ahora no es más
que solo sombra.
A lo lejos,
el cielo reune las nubes.
Mi soledad yace
en el fondo sin límites
de la bobeda oculta
A mis ojos mortales.
De pronto, del cielo
entristecido por larga
la pena mía,
y en suerte dichosa,
más una centellada blanca
comienzo a compadecer
y ver más allá
de lo que ven los ojos.
Indica donde quiere
que lleguen mis pasos.
Es ahí donde
ellas lloran,
todo mi sufrir.
Dejan caer sus gotas
Y me cubre húmedo manto.
La mente se calma,
el cuerpo se relaja,
mas aun no encuentra,
el alma,
Lo que alcanza la dicha.
Nunca capricho
es la necesidad,
de amar la vida.
Se rompe la sombra
del Ibirá-Pitá,
cuando el suelo
conocen sus hojas.
Zozobras en letanías
de cuerpos lejanos.
Los pies creen caminar
sobre roca escarpada,
de infiernos milenarios.
No se descarta la idea
de una nueva busqueda
en nuevos mundos,
lo que en vida
jamás se ha de tener.
¡No!
¡Solo cobardes y fraudulentos
han de rendirse cuando
el mundo, todo entero,
ha de esperar.
Empero,
¿qué es lo que busco:
la gloria o la muerte?
O, ¿será acaso
que ambos avenios,
sean fruto de uno?
Busco eso que dice
curar la vida
al sublevar el dolor.
Pero, ¿Cómo encontrar
a quien vive en las margenes
de un soñar codicioso?
¡Llora mi alma, con toda entereza;
pues, en este mundo ha de esconderse!

Ahora reposan mis ojos
en extenso caudal,
que por momentos,
es dulce arrullo primaveral,
y luego desata, turbio y oleoso
mar Poseidón.
Que ahora es Paraná,
y ayer fue enigmático,
de selvas amazónicas.
¿Cuántos lo han visto
nacer en su cause,
y cuántos los han llorado,
bajo la sombre del sauce?
Ciudad La Paz,
hoy conoces bastas costas,
así te serpentean:
como delgado hilo de vida,
de mortales y nunca de estrellas.
Nunca el guaraní,
sus aguas ensució;
pues, sacro es el paso.
Alejandome de las costas,
me vuelvo una vez más.
No alcanzan mis ojos
a cubrir tal exuberancia de isla,
que ambas costas, del viejo Paraná,
divide en largos canales.
Tal es la frondosidad,
que en aquella se avista:
de popa a proa,
que una ciudad entera
podría allí ocultarse.
O, también en prontas palabras,
de otro de los tantos,
barcos encantados, y atascados,
y de propia vida, de Natura,
madre de todo aquello,
por donde los hombres
caminan y cambian.
¿Quíen hoy pudiese
declarar a qué punto
les fue de gran valía
el sufrimiento,
tanto a Prometeo
como a Jesus?

Se alargó el tramo, que mis pasos,
rumbo ofrecieron.
Ya la noche cubría
lo que fue verde en el día.
No se alejaba de mi, la soledad.
Horas pasaron desde
el último traseunte
que de tan apresurado,
briza tornó, el aire circundante,
arrojada sobre el rostro;
ya frío y oculto,
de las luces que escapan.
Mientras los pies marchan,
a mi vienen, los recuerdos;
de aquel que hoy,
ya más no soy.
Sin familia, ni amigos.
Una banca de cemento,
todo un apocento.
Algo nuevo me devuelve,
al paso, que es tormento;
soy prisionero,
en mi propio cuerpo.
Ni detener la marcha,
ni apresurarla puedo.
Gritar pretendo;
mas, a otro, la voz,
responde y sonríe.
Ninguna experiencia,
de mi vida, hasta el momento,
prepararme logró, para esa noche,
cuando ese otro ser,
aquel que gobierna,
mientras dormir creemos,
se hizo amo y señor,
de todo lo que mío
creí ingenuamente.

Es mi mundo mi patria;
es mi cuerpo mi mundo;
es todo lo que me rodea:
universo entero.

Aunque una vez perdido,
vástago de misericordias;
como aquel sin obolos,
para el barquero del lago.

Debe vagar sin sombra.
Pútridos cuerpos,
que mortales lloran.
Ahora vaga eterna,

el alma sin descanso,
de pagano rencor.
Avandonan la carrera,
ávidos competidores,
al notar horrorizados,
que el premio no es oro,
de color alguno.
Y aun sigo la marcha,
por rumbos extraños a mis pies.
Pero, nunca consulté
al viejo Tiresias,
los caminos de Agnaké.
Pues si alguien ha de correr
no es el interés,
que la mente compete.
Empero, la lucha nace,
y el cuerpo mundano,
es arena de batallas.
¿De que servirá un minuto más
en el mundo de la materia,
cuando la eternidad
espera por las almas?

Aun así, no es el hombro
de otro Virgilio lo que
mis manos buscan alcanzar,
ni ser llevado aun,
con la sombra del cuerpo,
por los tres mundos,
de la ultratumba.
Aun antes de Lagash,
los hombres bien conocían
a cuanto remonta
las mieses del campeón,
de equilibrio de serpientes
-de vida universal-.
Mas, ¿qué verdad buscan
con desespero magro,
y armas, y artes, y ciencias
cuando la palabra es constante
modificación de la mano
que traza y lapída,
con siempre distintas formas,
que los ojos observan,
la voz recita,
los oidos oyen,
y la mente devana?

Quien busca significado
a la propia vida
se inquieta por los restos
del alma desconocida.

_________________
La sabiduria del ser humano es tan infinita como su propia ignorancia.
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