alberto Admin

Cantidad de envíos: 32 Edad: 29 Localización: general roca Fecha de inscripción: 03/05/2008
 | Tema: Al caminar Miér 09 Jul 2008, 17:10 | |
| Todo se había tornado oscuro a mi alrededor. El verde paisaje, el interminable pastizal, que rodea la ruta, ahora no es más que solo sombra. A lo lejos, el cielo reune las nubes. Mi soledad yace en el fondo sin límites de la bobeda oculta A mis ojos mortales. De pronto, del cielo entristecido por larga la pena mía, y en suerte dichosa, más una centellada blanca comienzo a compadecer y ver más allá de lo que ven los ojos. Indica donde quiere que lleguen mis pasos. Es ahí donde ellas lloran, todo mi sufrir. Dejan caer sus gotas Y me cubre húmedo manto. La mente se calma, el cuerpo se relaja, mas aun no encuentra, el alma, Lo que alcanza la dicha. Nunca capricho es la necesidad, de amar la vida. Se rompe la sombra del Ibirá-Pitá, cuando el suelo conocen sus hojas. Zozobras en letanías de cuerpos lejanos. Los pies creen caminar sobre roca escarpada, de infiernos milenarios. No se descarta la idea de una nueva busqueda en nuevos mundos, lo que en vida jamás se ha de tener. ¡No! ¡Solo cobardes y fraudulentos han de rendirse cuando el mundo, todo entero, ha de esperar. Empero, ¿qué es lo que busco: la gloria o la muerte? O, ¿será acaso que ambos avenios, sean fruto de uno? Busco eso que dice curar la vida al sublevar el dolor. Pero, ¿Cómo encontrar a quien vive en las margenes de un soñar codicioso? ¡Llora mi alma, con toda entereza; pues, en este mundo ha de esconderse!
Ahora reposan mis ojos en extenso caudal, que por momentos, es dulce arrullo primaveral, y luego desata, turbio y oleoso mar Poseidón. Que ahora es Paraná, y ayer fue enigmático, de selvas amazónicas. ¿Cuántos lo han visto nacer en su cause, y cuántos los han llorado, bajo la sombre del sauce? Ciudad La Paz, hoy conoces bastas costas, así te serpentean: como delgado hilo de vida, de mortales y nunca de estrellas. Nunca el guaraní, sus aguas ensució; pues, sacro es el paso. Alejandome de las costas, me vuelvo una vez más. No alcanzan mis ojos a cubrir tal exuberancia de isla, que ambas costas, del viejo Paraná, divide en largos canales. Tal es la frondosidad, que en aquella se avista: de popa a proa, que una ciudad entera podría allí ocultarse. O, también en prontas palabras, de otro de los tantos, barcos encantados, y atascados, y de propia vida, de Natura, madre de todo aquello, por donde los hombres caminan y cambian. ¿Quíen hoy pudiese declarar a qué punto les fue de gran valía el sufrimiento, tanto a Prometeo como a Jesus?
Se alargó el tramo, que mis pasos, rumbo ofrecieron. Ya la noche cubría lo que fue verde en el día. No se alejaba de mi, la soledad. Horas pasaron desde el último traseunte que de tan apresurado, briza tornó, el aire circundante, arrojada sobre el rostro; ya frío y oculto, de las luces que escapan. Mientras los pies marchan, a mi vienen, los recuerdos; de aquel que hoy, ya más no soy. Sin familia, ni amigos. Una banca de cemento, todo un apocento. Algo nuevo me devuelve, al paso, que es tormento; soy prisionero, en mi propio cuerpo. Ni detener la marcha, ni apresurarla puedo. Gritar pretendo; mas, a otro, la voz, responde y sonríe. Ninguna experiencia, de mi vida, hasta el momento, prepararme logró, para esa noche, cuando ese otro ser, aquel que gobierna, mientras dormir creemos, se hizo amo y señor, de todo lo que mío creí ingenuamente.
Es mi mundo mi patria; es mi cuerpo mi mundo; es todo lo que me rodea: universo entero.
Aunque una vez perdido, vástago de misericordias; como aquel sin obolos, para el barquero del lago.
Debe vagar sin sombra. Pútridos cuerpos, que mortales lloran. Ahora vaga eterna,
el alma sin descanso, de pagano rencor. Avandonan la carrera, ávidos competidores, al notar horrorizados, que el premio no es oro, de color alguno. Y aun sigo la marcha, por rumbos extraños a mis pies. Pero, nunca consulté al viejo Tiresias, los caminos de Agnaké. Pues si alguien ha de correr no es el interés, que la mente compete. Empero, la lucha nace, y el cuerpo mundano, es arena de batallas. ¿De que servirá un minuto más en el mundo de la materia, cuando la eternidad espera por las almas?
Aun así, no es el hombro de otro Virgilio lo que mis manos buscan alcanzar, ni ser llevado aun, con la sombra del cuerpo, por los tres mundos, de la ultratumba. Aun antes de Lagash, los hombres bien conocían a cuanto remonta las mieses del campeón, de equilibrio de serpientes -de vida universal-. Mas, ¿qué verdad buscan con desespero magro, y armas, y artes, y ciencias cuando la palabra es constante modificación de la mano que traza y lapída, con siempre distintas formas, que los ojos observan, la voz recita, los oidos oyen, y la mente devana?
Quien busca significado a la propia vida se inquieta por los restos del alma desconocida. _________________ La sabiduria del ser humano es tan infinita como su propia ignorancia.
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